domingo, 11 de noviembre de 2018

Números y porcentajes contra el mito de la equidad de género en murga joven


Murga joven "La que entona el premolar"
Foto cortesía de Leandro Salandrú (@salandrule.raw)

Hace un tiempo escribí una reflexión acerca de algunos aspectos de los espectáculos que he visto en el Encuentro de Murga Joven en los últimos años. Me enfoqué en la forma de abordar el contenido de algunos discursos, como por ejemplo en aquella repetida frase: “la idea es no decir nada” y su contraste con la imposibilidad —o al, menos, el peligro— de generar un espectáculo vacío de ideología, “pop para divertirme”, como dice Micky Vainilla, el personaje de Capusotto.

Dije que cada chiste, aunque no intencionalmente, establece categorías o jerarquías en torno a lo humano: “Prejuicios que no pretenden ser derrumbados siguen haciéndonos reír a costa de la negación y de la violencia simbólica que eso conlleva. Estéticas que continúan representando nuestra incapacidad de reconocernos como iguales, aún en la zona de la diferencia de género (hombre-mujer), donde se supone que tanto hemos avanzado.” Sí, me acabo de citar para que no me acusen de autoplagio pero también para que lean el artículo.

Lo que intento hacer en esta oportunidad es conectar eso que muchas personas hemos pensado sobre el discurso, ni más ni menos que con su verdadero esqueleto: las personas que lo conforman, identificando las que verdaderamente producen discurso. Dar pie a reflexionar sobre cómo puede vincularse el contenido de lo que se dice con la forma en la que están integradas las murgas, y con el nivel de participación que pueden o no tener sus componentes en dicho contenido. Todo esto poniendo el foco en la cuestión de la representatividad de género; dicho llanamente, cuántos hombres y cuántas mujeres participan en los distintos roles y rubros.

Para esto, recibí una fuente de datos invalorable de la gente del programa de radio Que vuelva el Sporting, que desde hace años se encarga de difundir, voluntaria y diría también religiosamente, todo lo que está a su alcance acerca del Encuentro de Murga Joven. Se trata de las 52 fichas técnicas de las murgas que participan en el encuentro este 2018. Dado que las recibí en forma de fotos de las fichas impresas que entregó cada responsable al momento de la inscripción, cabe aclarar que esta especie de investigación es un piñazo en términos científicos. Los números los contabilicé a dedo, pero con mucha dedicación, completando un Excel que comparto con la esperanza de que cada murga los revise y haga las aclaraciones que entienda que corresponden.

Las fichas de inscripción al Encuentro de Murga Joven contienen los siguientes datos: nombre de la murga; textos; arreglos corales; dirección escénica; puesta en escena; vestuario; maquillaje, y una lista de componentes en escena aclarando su rol. No figuran iluminación ni escenografía, por lo que no pude analizar este dato. Claramente, tampoco dice qué grado de protagonismo o participación tuvo cada persona en su rol; queda para una investigación cualitativa, algún día.

Como la ficha no consulta el género, me tomé el atrevimiento de asociar nombre “de mujer” a la categoría de mujer y “nombre de hombre” a la categoría de hombre[1]. Así, relevé toda la información que aparece en las tres pestañas del excel que comparto aquí: “Datos básicos”, la información bruta que arrojan las fichas técnicas desagregada en las categorías hombre/mujer; “Otros datos y promedios”, donde calculé porcentajes de hombres y mujeres por rubros y anoté algún otro dato que puede pasar a curiosear, y “Resumen”, donde está lo que más nos interesa, a qué sí.

Pero, ¿por qué un análisis en términos binarios? Con el poco tiempo —e información disponible— que tenía para dedicarle, decidí acotarlo a esas dos enormes mayorías (hombre/mujer) que están aún muy lejos de relacionarse de forma equitativa, y alrededor de las cuales abundan hipótesis y prejuicios en el ambiente de murga joven. Sin dudas es solo un pie para seguir profundizando sobre otras cuestiones.

Una aclaración necesaria: estos datos refieren a roles dentro de la murga y no a personas concretas. Esto significa que en un espectáculo sus componentes pueden cambiar de roles y que, asimismo, por ejemplo, a una murga la puede maquillar un mismo equipo y, por tanto, este aparecerá representado en tantas murgas como haya participado. Básicamente y para no confundir: en la planilla hay más roles que personas.

Otra aclaración no menor es que cuando en la ficha de inscripción figuraba “trabajo colectivo” coloqué valor cero, de manera que obtener información detallada sobre quiénes participaron podría cambiar (levemente, porque hay pocos casos) los números.

Este es mi resumen, hecho a conciencia y con mi más ferviente ideología de género. Usted puede tomar la planilla para hacer el que más le plazca.


Con toda mi subjetividad, y sin pretender desalentar a mis amistades optimistas que se alegran de que haya un 30% de mujeres en murga joven, dejo estas conclusiones: la gran mayoría de lo que se dice (los textos del 73% de los espectáculos, 38 de los 52) fue escrita exclusivamente por hombres; y la gran mayoría de lo que suena en términos musicales/armónicos (los arreglos corales del 83% de las murgas, 43 de 52) fue definida exclusivamente por hombres. Me atrevo a decir que solo en el caso de 2 murgas de mujeres donde figura un trabajo colectivo se da el caso inverso (textos o arreglos exclusivamente hechos por mujeres).

A continuación, un solo de batería (de preguntas):

¿Qué nos dice que la voz de murga joven sea predominantemente “masculina”? ¿A qué puede deberse que la representatividad de la mujer en aspectos tan centrales para la construcción del discurso como los textos, los arreglos corales, la dirección escénica (85% hombres), o la puesta en escena (76% hombres) recaigan sobre un mismo género? ¿Y qué significa que los porcentajes se inviertan en rubros como el maquillaje y el vestuario? ¿En qué medida puede afectar el contenido de los espectáculos la predominancia tan clara de una voz por sobre otra? ¿Cómo nos posicionamos al hacer murga en esta realidad?

Me despido para pronto regresar, cantando un pedazo de bajada de La que entona el premolar 2018: “Y es también mi decisión / Si escuchar las nuevas voces / o encerrarme en mi tradición”.







[1] Quien sabe que no me identifico con ninguno de estos géneros, comprenderá que eso implicó una especie de renuncia por un bien mayor, que vendía a ser la equidad. De cualquier forma, la planilla está abierta, reitero, a todo tipo de aclaraciones, dentro de las que se incluye la pertenencia o no a alguno de estos géneros.